¿Solo en el universo? El cómo y el por qué de la vida en la tierra

Prof. Elio Sindoni, 17-07-2012, Roma (ZENIT.org). Traducción propia.

¿Por qué hay estrellas? ¿Por qué hay miles de millones de estrellas y qué tiene que ver la tierra con el universo? ¿Por qué hay vida? ¿Por qué humanidad? ¿Son los humanos los únicos seres inteligentes que pueden entender cómo funciona el universo? ¿Es nuestra civilización la única? ¿Hay otros planetas con vida? Si es así, ¿hay otras civilizaciones más allá de la nuestra? ¿Y dónde están? ¿Son como nosotros? ¿O son diferentes? ¿Son extraterrestres? ¿Seres pacíficos? ¿Tienen algún poder especial? ¿Es posible que seamos los únicos en el universo? ¿Cuál es la razón de nuestra existencia?

El profesor Elio Sindoni trata de responder a estas preguntas y a muchas otras en su libro, “¿Somos los únicos en el universo?” (” Siamo soli nell’universo? ”, ed. San Raffaele), en el que da al lector una explicación clara y precisa de la aparición de la vida en la tierra. 144 Páginas en las que el profesor de física general de la Universidad Bicocca de Milán pinta la historia y las razones de los que han buscado y siguen buscando extraterrestres.

En uno de los capítulos, el profesor Sindoni presenta las conversaciones entre escritores de ciencia ficción y científicos. Luego explica el principio según el cual la tierra es el único planeta que puede recibir vida y lo confronta con otros principios.

La Vía Láctea está formada por casi cien mil millones de estrellas, de las cuales el Sol es una, una estrella de tamaño mediano, con una temperatura moderada y un peso medio. Se calcula que hay al menos cien mil millones de galaxias, lo que sugiere que existe la posibilidad de que en algún lugar del universo haya un planeta similar a la Tierra.

En los capítulos intermedios, el profesor trata de encontrar las razones por las que hay vida, cómo se originó y desarrolló. Habla de un verdadero milagro, ningún cálculo de probabilidad podría explicar cómo se originó la vida en la tierra. Los volcanes, la magnetosfera, la atmósfera, el dióxido de carbono anhidro y el oxígeno, la deriva de los continentes y el sistema solar, el agua líquida y el calentamiento global, todo parece posibilitar y promover el surgimiento y crecimiento de la vida.

Elio Sindoni explica que todo está hecho de una manera admirable. Júpiter, por ejemplo, puede absorber la avalancha de asteroides y cometas con su enorme gravedad, que de otro modo golpearían la Tierra. Se calcula que, sin la presencia de Júpiter, la Tierra sería bombardeada por asteroides de 10 km de diámetro al menos una vez cada 10.000 años, con catástrofes que impedirían la vida.

Debido a la gravedad de la luna, la duración del día en la Tierra aumenta constantemente. Se cree que en el momento en que se formó la tierra, el día sin la luna habría durado solo seis horas. Una situación con un campo magnético más fuerte y vientos fuertes, condiciones en las que la vida no podría crecer. Gracias a la emisión de dióxido de carbono anhidro de los volcanes, originado en el núcleo interior caliente del planeta, se creó un efecto invernadero, permitiendo que el agua permanezca líquida y mantenga una temperatura promedio de aproximadamente 15° en la tierra. Sin el efecto invernadero, la temperatura en la tierra sería de -18°.

La Tierra, por cierto, tiene un campo magnético que la Luna, Venus y Marte no tienen. La magnetosfera que se extiende por decenas de miles de kilómetros en el espacio circundante defiende la vida, desviando y evitando el bombardeo de rayos cósmicos del sol.

Pero un misterio que es aún más difícil de descifrar es el origen y el significado del Homo sapiens. Este ser que ha comenzado a pintar, a enterrar y conmemorar a sus muertos, que ha comenzado a comprender y articular las leyes del universo, que ha concebido y construido civilizaciones, que ha venido a cuidar de su alma y a buscar a Dios.

Elio Sindoni concluye que las condiciones en las que ha evolucionado la vida en la Tierra son demasiado únicas y que ningún cálculo estadístico podría repetir esto. Cualquiera que sea el caso, todas las investigaciones realizadas hasta la fecha sobre la presencia de vida extraterrestre dieron un resultado negativo. Entre los 500 planetas registrados fuera del Sol hasta ahora, no se ha encontrado ninguno que se parezca a la Tierra.

El escritor se apoya en la tesis de Enrico Fermi quien, a la pregunta de la existencia de extraterrestres, respondió: ¿dónde están? El científico dice que Fermi, durante una reunión con Leo Szilard y otros científicos en Los Álamos en 1940, sugirió que, si otras formas de vida inteligente se hubieran extendido por todo el universo, la Tierra ya habría sido colonizada por extraterrestres. El universo ha existido mucho más tiempo que la tierra. Entonces, si otras formas de civilización fueran posibles, muchas de ellas se habrían desarrollado miles de millones de años antes y habrían tenido tiempo de venir a nosotros.  (*)

(*) N. del E. Este último argumento nos parece -a diferencia del anterior- poco convincente. Después de todo, las distancias cósmicas son tan grandes que es casi científicamente seguro que no se pueden salvar físicamente. La única forma sería viajar a la velocidad de la luz, pero eso solo teóricamente podría hacerse reduciendo su propia masa a casi cero, lo que destruye por completo cualquier organismo. Posiblemente podemos imaginar seres que envían “información de vida” desde otro planeta a la velocidad de la luz al espacio, que puede ser recogida en la Tierra, por ejemplo. Que nuevas formas de vida surgieran espontáneamente de esto, por no hablar de “civilizaciones”, es, por supuesto, una tontería no científica. La única alternativa sería que los extraterrestres espaciales imaginarios contaran con que otras “civilizaciones” estuvieran lo suficientemente desarrolladas y curiosas para trabajar con esa “información” y así introducir artificialmente una forma de vida exógena en su planeta. Pero no se asuste: a pesar de una intensa investigación en todo el mundo, aún no se ha encontrado ningún rastro de información inteligente del espacio. Además, a pesar de varios intentos, nunca se han descubierto métodos o fórmulas para crear organismos vivos a partir de materia muerta. La causa última de la vida sigue siendo el secreto de Dios, incluso si resulta que estaba situado en otro planeta y que la vida nos llegó, por ejemplo, a través de meteoritos o polvo cósmico. Las condiciones en el cosmos libre hacen que esta posibilidad sea extremadamente improbable.

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